Los celtistas de verdad tenemos una ilusión que, por muy machacada que sea, siempre se recupera cuando se atisba el fin de semana. Ya nos pueden derrotar de la forma más cruel un domingo, que a los cuatro o cinco días estamos pensando en que recuperaremos la moral y todo irá mejor que bien en el próximo partido.
En este caso, venimos de una victoria, pero puede que se trate de la que menos se ha tenido en cuenta. El rival era el peor de los 21 y se ganó por los pelos y casi pidiendo la hora. En otras palabras: psicológicamente, venimos de otra derrota más y nos enfrentamos a Las Palmas para remontar el vuelo y confiar en que por fin se produzca la ya manida cadena de 4 o más victorias consecutivas, sin las cuales no se conseguirá ascender. Sin las cuales, no se producirá lo que ahora mismo ya considero un milagro.




