El ascenso del Celta a primera división se ha convertido en algo tan lejano que ni siquiera el más celtista confía en su consecución. Son ya muchos palos los recibidos esta temporada y, por consiguiente, muchas las decepciones acumuladas.
Con el equipo vigués está sucediendo algo similar a lo que ocurre con la vida de la batería de un móvil. Las primeras veces que la cargas da un resultado óptimo y puede durar varios días. Con el paso del tiempo, la batería se va viciando y acaba por agotarse, pasando a durar uno o dos días.
La ilusión de los aficionados, o por lo menos la mía, está actualmente en esa última fase. Lo peor, en este caso, es que ni siquiera tenemos el cargador…




